La última vez
José Lagos Guevara · 21 de junio de 2026 ·

La última vez

Y nadie sabía qué decir

hoy no mañana si

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste orgulloso de vos mismo?

La pregunta quedó dando vueltas en el aire y ninguno se animó a tomar la batuta. Todos esperábamos que arranque otro.

Era un asado entre amigos, de los de siempre, pero con una diferencia: esa noche habíamos dejado los teléfonos de lado para hablar un poco más en serio, de cómo estábamos y de algunas cosas nuestras que no salen cuando uno tiene la pantalla a mano.

vicio

La mayoría de las respuestas no me sorprendió, dado el contexto en el que vivimos. A casi todos nos costó bastante recordar un momento en el que nos hubiéramos sentido un poco orgullosos de nosotros. Y varios respondieron medio tímidos, como si fuera algo light, restándole importancia para no quedar como creídos.

Dos respuestas me sorprendieron.

La primera fue la del Agustín, que contó que hacía menos de una semana se había sentido orgulloso de él por haberse comprado un auto. Pero lo loco es que no fue él el que lo pensó primero, sino su pareja. Nos contó que fue ella la que le mostró todo lo que estaba logrando, lo bien que le estaba yendo y lo mucho que lo admiraba.

Qué importante es tener gente cerca que te haga volver al presente. Vivimos midiendo todo el tiempo lo que tenemos y lo que nos falta, mirando el jardín del vecino con la sensación de que siempre es más verde que el nuestro. Tener a alguien al lado que te saque de esa comparación, que te muestre lo tuyo, no es poca cosa. Y hoy, con las redes recordándonos a cada rato todo lo que todavía no somos, vale doble.

La segunda respuesta fue la del Derro, y para mí la mejor, la que más me dejó replanteándome mi forma de pensar. Voy a intentar citarla textual:

“La última vez que me sentí orgulloso fue el fin de semana pasado. Laburé toda la semana, cumplí con todo lo que tenia que hacer, y cuando me acosté me di cuenta de todo lo que hice y la tranquilidad que me daba”.

Me quedé un poco en shock. Era, lejos, el pensamiento más maduro y sano de todos. Parecía el único que estaba viviendo el presente y no corriendo, ansioso, como andamos casi todos en este siglo.

No me lo dijo Epicteto ni ningún libro: lo dijo el Derro en un asado. Que el orgullo de verdad no es el que se postea ni el que se mide contra el de al lado. Es acostarse un viernes a la noche tranquilo, sabiendo que cumpliste con lo tuyo.

Pienso en las dos respuestas y me quedo con que apuntan al mismo lugar por caminos distintos. Uno necesitó que alguien al lado le mostrara lo que valía; el otro se dio cuenta solo, una noche cualquiera. Uno con un espejo, el otro sin.

Capaz de eso se trata estar agradecido. No de convencerse de que todo está mejor de lo que está, ni de forzar ese falso positivismo, sino de parar un segundo y reconocer lo lindo que tenés enfrente.

Capaz por eso la pregunta nos costó tanto. Y capaz por eso recién la pudimos contestar esa noche, con los teléfonos lejos.